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La evolución de las amenazas internas: cómo detectar y prevenir ataques desde dentro

Voy a empezar con algo que he escuchado demasiadas veces en conversaciones con equipos de seguridad, directivos e incluso fundadores de startups:
—"Aquí dentro confiamos en nuestra gente. El problema está fuera."

Y lo entiendo. Todos queremos pensar que los que trabajan a nuestro lado, que forman parte del mismo barco, no van a meterle fuego al motor. Pero la realidad de 2025 es otra: los ataques no siempre vienen de fuera. A veces, vienen desde la silla de al lado.

Y no, no estoy diciendo que vivamos con paranoia. No se trata de desconfiar de todos, de instalar cámaras por cada rincón ni de mirar raro al del fondo porque un día se enfadó en una reunión. Lo que sí estoy diciendo es que hoy en día, una amenaza interna puede ser muchas cosas, y no siempre tiene mala intención.

A veces es un descuido. Otras, una distracción. O una urgencia mal gestionada. A veces es alguien que dejó la empresa hace meses pero sigue teniendo acceso a un sistema clave. O un proveedor externo que copia archivos sin saber que está violando políticas internas. O un empleado agotado que, sin querer, comparte datos confidenciales por el canal equivocado.
Y eso también es una amenaza.

No todas las amenazas internas son maliciosas. Pero todas pueden hacer daño.

Creo que uno de los grandes errores que seguimos cometiendo es pensar que una amenaza interna tiene que ser alguien que deliberadamente quiere hacernos daño. Alguien que roba información, que se quiere vengar o que está vendido al enemigo. Y sí, eso existe. Pero es solo una parte del problema.

La mayoría de los incidentes de seguridad provocados desde dentro no tienen nada que ver con intenciones oscuras. Tienen que ver con falta de formación, falta de procedimientos claros, o simplemente falta de conciencia.

Pongamos un ejemplo. Hace poco, una pyme tecnológica me contaba que uno de sus desarrolladores subió una copia de su entorno de pruebas a su GitHub personal. Lo hizo porque quería trabajar desde casa, terminar una tarea pendiente. En esa copia había credenciales, tokens y datos de clientes. Todo público. Estuvo así 48 horas hasta que otro compañero lo detectó. No fue maldad. Fue ignorancia. Pero el daño potencial era inmenso.

Y lo más interesante es que él pensaba que estaba ayudando. Que estaba “poniéndose la camiseta”.
Eso es lo que más miedo da de las amenazas internas en 2025: que muchas veces son invisibles hasta que ya es tarde.

Los riesgos han cambiado, y los controles deben cambiar también.

Antes, cuando el trabajo se hacía en una oficina, en ordenadores corporativos, con accesos limitados, todo era más fácil de controlar. Pero hoy… hoy el trabajo ocurre en el móvil, en la nube, en herramientas externas, en casa, en un coworking o en un tren de camino a una reunión.

¿Y sabes qué pasa cuando la empresa no pone límites claros ni herramientas de ciberseguridad modernas? Que el caos entra por la puerta grande. Porque si no das un camino seguro, la gente se lo inventa. Y lo hace con buena intención, pero con malos resultados.

En 2025, es normal que la gente use su Google Drive, su WhatsApp, su correo personal. No porque quiera romper las reglas, sino porque las reglas no están bien comunicadas o son tan engorrosas que nadie las sigue.
Y si a eso le sumas que los accesos a los sistemas suelen ser más laxos de lo que deberían (¿cuántos empleados tienen más permisos de los necesarios?), tienes un cóctel perfecto.

Una amenaza interna hoy no es solo una persona. Es una combinación de comportamientos, configuraciones mal hechas, software sin supervisión y procesos sin claridad. Y la única forma de frenar eso es tener una visión clara y actualizada de lo que pasa dentro.

Cómo se ve una amenaza interna en el día a día (y cómo detectarla sin convertirse en policía)

Te pongo en situación. Estás en el equipo de IT. Un compañero, al que conoces de hace años, descarga 500 archivos en una tarde. Nunca lo había hecho. O de repente alguien de recursos humanos solicita acceso al CRM de ventas. O una persona que dejó la empresa hace tres semanas todavía puede entrar a los sistemas. ¿Y si no lo notas a tiempo?

En 2025, la detección ya no puede depender solo de lo que ves a simple vista. Hoy necesitas herramientas que entiendan el contexto, que sepan cuándo algo es inusual, que aprendan del comportamiento de cada usuario para identificar patrones sospechosos.

No se trata de vigilar, sino de observar con inteligencia.

Y también —esto es clave— se trata de tener el tipo de cultura que invita a hablar antes de actuar.
Porque muchas amenazas internas no se evitan con firewalls, sino con conversaciones.

Si un empleado se siente cómodo diciendo:
—“Oye, me llegó este correo raro del jefe, ¿te parece normal?”
o
—“Estoy haciendo una copia de estos archivos para trabajar desde casa, ¿está bien hacerlo así?”
…entonces estás haciendo las cosas bien.

La mejor herramienta contra las amenazas internas no es un software. Es la confianza. Pero no la confianza ciega, sino la confianza basada en límites claros, en roles bien definidos y en formación constante.

La prevención empieza mucho antes de que haya un problema

Aquí es donde muchas empresas fallan. Solo reaccionan cuando ya ha pasado algo. Cuando se perdió información. Cuando se filtraron datos. Cuando alguien descargó 10.000 registros por error. Pero, en realidad, prevenir ataques internos empieza mucho antes.

Empieza con cosas simples pero poderosas como:

  • -Revisar regularmente los accesos de todos los empleados y eliminar los que ya no necesitan.

  • -Tener políticas claras, comprensibles y accesibles sobre el uso de datos, herramientas y dispositivos.

  • -Formar al equipo con ejemplos reales, actualizados y adaptados al contexto de cada rol.

  • -Promover canales seguros y abiertos de comunicación, donde cualquier duda o error pueda ser reportado sin miedo a represalias.

  • -Usar tecnologías de detección de comportamiento, que avisen cuando algo se sale del patrón habitual.

¿Y sabes qué es lo más bonito de todo esto? Que cuando haces bien las cosas, la gente empieza a cuidar la seguridad no porque se lo impongas, sino porque la entiende. Y cuando entienden el “por qué”, todo lo demás fluye.

Conclusión

Las amenazas internas han evolucionado. Ya no tienen la cara del “empleado malo” que roba información. Hoy, pueden tener la cara de cualquiera. Del compañero más comprometido, del proveedor externo, de un antiguo trabajador que aún tiene acceso. O incluso de ti mismo, sin darte cuenta.

Pero también han evolucionado las formas de detectarlas, de prevenirlas, y sobre todo, de crear entornos donde la seguridad no sea una barrera, sino una forma de trabajar mejor.

Porque al final, no se trata de vivir con miedo, sino de construir culturas digitales sanas, donde el error se prevé, la confianza se cultiva y la seguridad se comparte.

Así que si trabajas en una empresa, pregúntate hoy mismo: ¿Quién tiene acceso a qué? ¿Y por qué? Y si no tienes una respuesta clara, ya sabes por dónde empezar.

Y ya sabes que si necesitas ayuda con la ciberseguridad de tu empresa, puedes contactar con nosotros ya mismo, y te ayudaremos en todo aquello que sea necesario.