
Aumento alarmante de ciberdelitos en España: claves para protegerse del fraude online
- Alex De los Llanos Dueñas
- Abril 2025
Tengo que admitir que leer noticias como esta ya no me sorprende, pero sí me preocupa. En un país como España, donde cada vez más aspectos de nuestra vida —trabajo, compras, bancos, incluso relaciones personales— pasan por lo digital, el incremento de los ciberdelitos no solo es una estadística: es un síntoma claro de que estamos expuestos, muchas veces sin saberlo.
Según el Ministerio del Interior, durante el último año los ciberdelitos en España han aumentado un 26%. Y eso es mucho más que una cifra abstracta. Significa más personas engañadas, más ahorros robados, más empresas paralizadas por ataques, más datos personales dando vueltas en la red oscura.
La OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), que ha estado siguiendo de cerca esta tendencia, lo dejó claro: solo los casos de phishing se han disparado un 166%. ¿Te imaginas? Eso quiere decir que casi se han triplicado las consultas de personas que han recibido correos o mensajes fraudulentos intentando suplantar a su banco, a Hacienda, a empresas de mensajería… o a cualquier otro servicio que suene lo suficientemente creíble.
Y lo más duro es que esto no afecta solo a los “despistados” o a quienes “no tienen ni idea de tecnología”. Nos puede pasar a todos. Porque cuando estás cansado, estresado, y ves un mensaje que parece urgente y legítimo, a veces haces clic sin pensarlo dos veces. Y ese clic puede ser el inicio de un gran problema.
El fraude ya no es lo que era
Cuando hablamos de estafas digitales, aún hay gente que se imagina el típico correo con mala ortografía, en inglés, y promesas de herencias millonarias. Pero el panorama ha cambiado, y mucho. Los fraudes actuales son inteligentes, sutiles y están hechos a medida.
El phishing, por ejemplo, ya no es un simple enlace malicioso. Ahora los correos vienen con tu nombre, firmados con apariencia profesional, muchas veces usando logos reales y enlaces que —si no los miras con lupa— parecen legítimos. Incluso llegan por WhatsApp, SMS o llamadas telefónicas. Algunas campañas están tan bien hechas que no parecen una estafa hasta que ya es demasiado tarde.
Según la OCU, gran parte de este repunte puede estar relacionado con las filtraciones de datos de grandes empresas. Información personal que acaba en manos de ciberdelincuentes y que luego se usa para crear ataques mucho más personalizados y creíbles. Lo preocupante es que muchas veces las empresas no avisan con la suficiente rapidez a sus clientes, o lo hacen con poca claridad, lo que deja a las personas totalmente desprotegidas.
“A mí no me va a pasar”… hasta que pasa
Esto me recuerda a una historia reciente: una amiga cercana recibió un correo de su “banco”. Le pedían verificar su número de cuenta por una supuesta actividad sospechosa. No le pareció raro porque hacía poco había estado intentando activar una tarjeta nueva. Hizo clic. Ingresó sus datos. Minutos después, tenía tres cargos no autorizados en su cuenta.
Y ella no es una persona ingenua. Ni mayor. Ni ajena a la tecnología. Pero en ese momento, el mensaje tocó el contexto adecuado. Fue una mezcla de cansancio, prisa y confianza. Justo lo que buscan los atacantes.
Por eso, es tan importante dejar de pensar que los ciberdelitos solo les pasan a “otros”. Si conectas tu vida al mundo digital (como todos hacemos), eres vulnerable. Pero también puedes estar preparado.
¿Qué podemos hacer realmente?
No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con conciencia. De entender que los delincuentes digitales son expertos en manipular emociones, tiempos, y hasta nuestro sentido común. Pero también hay maneras —muy humanas— de protegernos. Aquí van algunas que pueden parecer básicas, pero siguen marcando la diferencia:
- -No respondas con prisa.
Cuando recibas un correo, un SMS o una llamada que te genere presión o urgencia, frena. Respira. Lee con calma. Los ciberdelincuentes quieren que reacciones sin pensar. Si algo es realmente urgente, tendrás otra forma de verificarlo. - -Nunca des datos personales o bancarios por enlaces que te llegan directamente.
Si tu banco necesita algo, ve tú directamente a la app o al sitio web desde el navegador. No hagas clic en enlaces sospechosos. Ni aunque parezcan auténticos. - -Usa contraseñas diferentes y seguras.
Sí, da pereza. Pero un gestor de contraseñas puede hacerte la vida más fácil. Y si puedes, activa la verificación en dos pasos siempre. Ese doble filtro muchas veces marca la diferencia. - -Infórmate. Y forma a los tuyos.
Si tienes personas mayores a tu cargo, o hijos que usan dispositivos, habla de esto con ellos. La mayoría de los fraudes se producen porque nadie nos enseñó a identificar una estafa digital. - -Si tienes dudas, consulta.
Llama a tu banco. Contacta con la empresa. Pregunta. No pasa nada por parecer desconfiado cuando está en juego tu seguridad.
¿Y si ya has sido víctima de un fraude?
Esto también es importante: actúa rápido y no tengas vergüenza. Muchos ataques funcionan porque las personas se sienten culpables o avergonzadas y tardan en pedir ayuda.
Si crees que diste información por error o hiciste clic en un enlace sospechoso:
- -Llama a tu banco de inmediato. Que bloqueen o revisen tus cuentas.
- -Denúncialo a la policía. Aunque creas que ya no hay nada que hacer, toda denuncia ayuda a crear estadísticas, prevenir y rastrear a los responsables.
- -Habla con la OCU o con entidades de protección al consumidor. Ellos pueden orientarte legalmente y ayudarte a reclamar.
Aquí viene una parte clave. No toda la responsabilidad puede caer en los usuarios. Las empresas también tienen un deber de protección y transparencia.
La OCU ha sido muy clara al respecto: cuando hay una filtración de datos, las empresas deben informar a sus clientes de forma clara, directa y sin rodeos. No con correos ambiguos o genéricos. Y mucho menos ocultándolo bajo el alfombreo del departamento de comunicación.
Además, deben invertir en medidas reales de ciberseguridad. No basta con poner una cláusula de “no nos hacemos responsables” en sus términos y condiciones. Si manejan nuestros datos, deben protegerlos. Y si algo falla, deben acompañarnos.
Conclusión
Sé que es difícil digerir todo esto. Porque vivimos conectados, porque confiar es parte del día a día y porque nadie quiere pensar que puede ser víctima de un engaño. Pero lo cierto es que la digitalización no solo ha traído comodidad, también ha traído riesgos.
La buena noticia es que no estamos indefensos. La tecnología avanza, sí. Pero también avanzan la conciencia, la formación, y las herramientas para protegernos.
Hoy más que nunca, cuidarse online es tan importante como cuidar tu casa o tus llaves.
Y eso empieza por algo tan simple como hacer una pausa, mirar dos veces y, si algo no te cuadra… no hacer clic. Y recuerda que si necesitas ayuda con la ciberseguridad en tu empresa, no dudes en contactar con nosotros de inmediato. Te ayudaremos en todo lo que haga falta.