
La importancia de la formación continua en ciberseguridad para empleados
- Alex De los Llanos Dueñas
- Abril 2025
Hay algo que muchas empresas aún no entienden del todo —o que fingen no ver—: la ciberseguridad no es solo una cuestión de tecnología, es una cuestión de personas. Puedes tener el mejor firewall del mercado, los antivirus más actualizados y toda una infraestructura blindada, pero si alguien en tu equipo hace clic donde no debe, todo se puede venir abajo en segundos.
Y no lo digo para meter miedo. Lo digo porque pasa. Todo el tiempo.
Cada año, los ataques digitales se vuelven más sofisticados. Ya no se trata de correos mal redactados o virus que puedes ver venir desde lejos. Hoy los ataques son sutiles, personalizados, y muchas veces, ni siquiera se perciben como amenazas hasta que ya es demasiado tarde.
Por eso, hablar de formación continua en ciberseguridad no es un lujo, ni algo que se hace una vez al año para cumplir con un requisito legal. Es, literalmente, una de las inversiones más inteligentes que puede hacer una empresa para protegerse.
El error más común cuando se habla de formar a empleados en ciberseguridad es pensar que con un curso básico o una charla rápida “ya está”. Pero no funciona así. Aprender sobre seguridad digital no es una lista de normas que se memorizan; es un cambio de mentalidad.
Se trata de entender cómo operan los ciberdelincuentes, cómo se camuflan, cómo manipulan el lenguaje, el tiempo y nuestras emociones para hacernos caer. Porque sí, los ataques más efectivos no explotan tecnología, explotan comportamientos humanos.
Muchos fraudes no ocurren porque alguien fue “tonto” o “descuidado”, sino porque estaba cansado, distraído o con prisa. Todos somos vulnerables en algún momento. Y los atacantes lo saben. Justo por eso, la única forma real de reducir el riesgo es crear una cultura donde la seguridad se entienda, se practique y se actualice constantemente.
La amenaza está dentro… y no por maldad
Hablemos claro: cuando se dice que los empleados son “el eslabón más débil” en ciberseguridad, no se está acusando a nadie. Lo que pasa es que muchas veces son la entrada más fácil para un atacante. No porque quieran hacer daño, sino porque no están preparados.
Y aquí viene algo clave: la tecnología cambia, los ataques cambian, las técnicas de engaño también. Si la formación que diste hace dos años ya quedó obsoleta, no puedes esperar que tu equipo reaccione como expertos ante una amenaza que ni siquiera saben que existe.
Lo que funcionaba antes —como identificar un correo con errores ortográficos o desconfiar de enlaces extraños— ya no basta. Ahora los fraudes vienen por WhatsApp, por videollamadas, con enlaces acortados, con suplantaciones perfectas. Y si el equipo no está al día, cae. Y cuando cae uno, muchas veces cae toda la organización.
Por eso insistimos tanto en la formación continua. Porque esto no es una moda, es una carrera de fondo. Y los ciberdelincuentes no se toman vacaciones.
Una buena formación en ciberseguridad cambia la forma en que se trabaja
Aquí no hablamos solo de evitar fraudes. Una formación efectiva tiene un impacto directo en la manera en que la gente se relaciona con la tecnología en el día a día.
Cuando un empleado entiende los riesgos:
- -Revisa dos veces antes de abrir un archivo.
- -Duda de mensajes urgentes que parecen venir del jefe.
- -Utiliza contraseñas fuertes y únicas.
- -No comparte datos confidenciales por correo sin pensarlo.
- -Y, sobre todo, sabe qué hacer cuando sospecha que algo no está bien.
Porque esa es otra parte que muchas veces se olvida: saber cómo reaccionar cuando se detecta un problema. No basta con tener miedo o cerrar la ventana. Hay que saber a quién informar, cómo hacerlo y cómo actuar sin empeorar la situación.
Y aquí es donde se nota cuándo una formación fue real y cuándo fue solo un trámite.
Formar a todos, pero formar bien
Otro error común: pensar que la formación en ciberseguridad es solo para el equipo de IT. No. Esto es para todos. Desde el becario hasta la dirección. Todos están expuestos, y todos tienen un papel en la protección de la empresa.
Pero, eso sí, no puedes darles el mismo curso a todos. No tiene sentido que un diseñador gráfico y un responsable de finanzas reciban el mismo tipo de formación. Sus riesgos son distintos, sus herramientas también. Por eso, una buena estrategia de formación se adapta a los perfiles, a los roles y al contexto real de cada persona.
Y ya que estamos: por favor, no hagas que la formación sea un PowerPoint eterno o un vídeo aburrido que nadie ve. Hazla práctica, concreta, participativa. Usa ejemplos reales, simulaciones, dinámicas. Haz que la gente se sienta parte de esto.
La mejor formación es la que te deja con una pregunta en la cabeza y una acción en las manos. No la que te deja dormido frente al monitor.
Cuando una empresa invierte en formación continua en ciberseguridad, no solo está educando a su plantilla, está blindando su reputación, su dinero y su futuro. Porque una fuga de datos, un ransomware o una estafa interna no solo cuestan dinero. Cuestan confianza. Cuestan relaciones. Cuestan tiempo.
Y todo eso, por una decisión tan simple como no priorizar la formación.
He visto empresas pequeñas que se tomaron en serio este tema y que han detectado ataques antes de que causaran daños graves. También he visto grandes compañías que, por no escuchar a su equipo o por subestimar una alerta, acabaron perdiendo muchísimo más de lo que se imaginaban.
El aprendizaje aquí es claro: las empresas que sobreviven y prosperan en esta era digital son las que entienden que sus empleados no son un riesgo, sino su primera línea de defensa.
Conclusión
Este no es un tema de castigar al que se equivoca, sino de construir un entorno donde todos aprendan, mejoren y estén atentos. Donde la seguridad no sea una carga, sino parte natural del trabajo.
Y para eso, la formación continua no puede ser una opción. Tiene que ser un compromiso. Con la gente, con el negocio, con la realidad que nos rodea.
Porque si algo hemos aprendido en los últimos años, es que el mayor peligro no es que haya amenazas allá afuera, sino que no estemos preparados para reconocerlas cuando tocan la puerta. Y créeme, tocan todo el tiempo.
Así que si estás leyendo esto y trabajas en una empresa —o lideras una—, pregúntate:
¿Estamos formando a nuestro equipo para un mundo que cambia cada semana? ¿O seguimos confiando en que con suerte, a nosotros no nos pasará?
La diferencia entre una empresa segura y una que está a punto de sufrir un ataque puede estar, literalmente, en una hora de formación bien hecha. Y eso, al final, lo decides tú.
Por último, recuerda, si necesitas ayuda con la ciberseguridad de tu empresa, no dudes en contactar con nosotros. Te ayudaremos en todo lo que sea necesario.