
Whaling: ataques dirigidos a ejecutivos de alto nivel
- Alex De los Llanos Dueñas
- Marzo 2025
Esto que te voy a contar no es solo una historia sobre ciberdelincuencia, sino también sobre confianza, poder… y cómo esos dos elementos, mal gestionados, pueden abrirle la puerta a ataques digitales con consecuencias enormes.
Imagina que eres el CEO de una empresa. Estás en el aeropuerto, camino a una reunión internacional, contestando correos desde el móvil, mientras haces tiempo para embarcar. Te llega un email urgente del CFO: algo relacionado con una transferencia que hay que autorizar cuanto antes. Todo parece en orden, con tono profesional, sin errores. Tiene incluso tu nombre completo y firma interna. Cansado, distraído, lo apruebas.
Solo que no era tu CFO. Era un atacante. Y acabas de autorizar el robo de varios millones de euros sin darte cuenta.
Eso es whaling. Y sí, da miedo. Porque no estamos hablando de ataques masivos ni de correos mal traducidos diciendo que ganaste un premio. Estamos hablando de ataques quirúrgicos, perfectamente diseñados para engañar a una persona concreta: tú.
¿Qué es exactamente el whaling?
El término viene de la palabra inglesa whale, “ballena”, y tiene sentido. Si el phishing tradicional va por volumen (como una red de pesca tirada al azar), el whaling va directo al pez más grande del estanque: los ejecutivos de alto nivel.
CEO, CFO, directores financieros, gerentes de operaciones, abogados de la empresa… cualquier figura con poder de decisión, acceso a información crítica o capacidad para mover dinero es un objetivo potencial.
Estos ataques no son obra de amateurs. Todo lo contrario: son elaborados, personalizados y muy difíciles de detectar. El atacante suele hacer una investigación previa profunda:
- -Revisa LinkedIn, notas de prensa, redes sociales.
- -Aprende cómo se comunica la empresa, cómo firman los correos los ejecutivos, en qué proyectos están involucrados.
- -Identifica relaciones de confianza clave: quién habla con quién, quién puede autorizar qué.
Y cuando llega el momento, lanza su golpe: un correo que parece real, con información interna, tono corporativo, y una urgencia que te hace actuar antes de pensar.
¿Por qué funcionan estos ataques tan bien?
Porque están diseñados para funcionar con gente ocupada, estresada, con poco tiempo y mucha responsabilidad. Gente que, como tú o como yo, confía en las personas con las que trabaja cada día y que tiene la presión de tomar decisiones rápidas.
A diferencia del phishing tradicional, donde puedes sospechar porque el correo tiene errores o viene de una dirección rara, el whaling suele estar perfectamente ejecutado. A veces el dominio del correo es idéntico al oficial con una sola letra de diferencia. Otras veces, el atacante directamente ha tomado control del buzón de alguien interno, lo que vuelve todo aún más creíble.
Y ojo, no todo se trata de transferencias bancarias. A veces el objetivo es:
- -Obtener información privilegiada.
- -Robar credenciales de acceso a plataformas.
- -Destruir reputaciones desde dentro.
He visto casos donde se ha suplantado la identidad de un CEO para pedir acceso a documentos legales. O donde se ha ordenado una auditoría falsa que dio acceso a servidores confidenciales. No hace falta que el golpe sea económico para ser devastador.
¿Qué lo hace tan peligroso?
Varias cosas. Pero quizá la más importante es esta: el whaling ataca la confianza.
En una empresa sana, los líderes confían en sus equipos. Y eso es bueno. Pero los atacantes lo saben. Usan esa confianza como arma, porque saben que no es fácil levantar la guardia cuando quien te escribe parece ser tu socio, tu jefe o tu responsable directo.
Además, a diferencia de otros ataques, el whaling es muy difícil de detectar con tecnología tradicional.
- -El mensaje no tiene un archivo malicioso que un antivirus pueda bloquear.
- -El contenido no parece una amenaza.
- -El tono es profesional, y muchas veces no hay errores.
Y si a esto le sumas la presión del momento, el miedo a no responder a tiempo o el ego de pensar “yo jamás caería en algo así”, tienes el cóctel perfecto para que el ataque funcione.
Cómo protegerse del whaling sin paranoia (ni bloquear todo)
La solución no está en prohibir correos, ni en llenar a los ejecutivos de capas de ciberseguridad que terminen por hacerlos trabajar peor. La clave está, como casi siempre, en crear una cultura de conciencia digital realista y accesible.
Aquí van algunas ideas prácticas que he visto funcionar en empresas que han decidido tomarse esto en serio:
- -Verificación en dos pasos (pero humana)
No hablo solo de 2FA. Me refiero a que toda solicitud de transferencia, cambio de datos bancarios o acceso a documentos confidenciales debería pasar por una segunda verificación fuera del canal principal. Una llamada, un mensaje directo, una reunión rápida. Lo que sea. Pero algo que no dependa exclusivamente del email. - -Formación específica para cargos altos
Los cursos de concienciación digital no deben ser iguales para todos. Un becario y un CEO no tienen el mismo nivel de exposición ni las mismas decisiones que tomar. Los directivos deben tener su propia formación: realista, enfocada, sin lenguaje técnico inútil. - -Simulaciones de whaling internas
Sí, suena feo, pero funciona. Empresas que hacen simulaciones de este tipo, enviando correos falsos para ver quién cae, logran que el equipo aprenda de verdad. Y no se trata de señalar, sino de enseñar. - -Redacción clara de protocolos
Las órdenes por email no deben bastar. Todo movimiento sensible debe estar respaldado por procesos escritos, claros, y conocidos por todos. - -Eliminar la cultura de la urgencia total
Muchos ataques funcionan porque todo es “para ya”. Si logramos que en nuestra cultura laboral no todo sea urgente, es más probable que alguien se tome el tiempo para dudar, confirmar y evitar el desastre.
Conclusión
El whaling no ataca servidores, ni bases de datos, ni redes. Ataca personas. Personas concretas. Con nombres, con correos reales, con relaciones internas que los atacantes explotan como piezas de ajedrez.
Por eso es tan importante hablar de esto. Porque los líderes también pueden ser víctimas, y muchas veces lo son sin saberlo.
No se trata de crear miedo ni de volverse paranoico. Se trata de entender que en el juego de la ciberseguridad, los que más poder tienen también tienen más responsabilidad, y por tanto, más riesgo.
Si algo puedes sacar de este artículo, que sea esto:
Desconfiar no significa ser desconfiado. Significa proteger lo que más valoras, incluso de lo que parece más familiar.
Y ya sabes, si necesitas ayuda con la ciberseguridad de tu negocio, contacta ya con nosotros.